Mensaje Del Reverendísimo Armando X. Ochoa, Obispo De La Diócesis De Fresno

August 17, 2018

15 de agosto de 2018
Las últimas noticias del escándalo creado por el Cardenal McCarrick, los resultados incomprensibles del Gran Jurado de Pennsylvania involucrando a seis diócesis, y la inmoralidad sistemática intolerable que sostuvo el abuso de innumerables niños exige una respuesta. Estoy de acuerdo que el episcopado debe responder esta llamada de acción de una manera práctica que esté arraigada con los principios de nuestra fe como cristianos católico. Espero la oportunidad de abordar esta grave y perjudicial realidad que nos ensombrece, junto con mis hermanos obispos.

Me mantengo firme en mi convicción que todo el clero debe vivir su vida como un ministro ordenado con integridad. Como obispo, he aceptado completamente mi responsabilidad de tratar cualquier asunto serio que a sabiendas ponga en riesgo a cualquiera de las almas confiadas a mi cuidado pastoral y continuaré haciéndolo.

Una de mis mayores preocupaciones es la cultura del secreto que existe en muchas diócesis entre el clero, e incluso entre algunas personas laicas que sienten que necesitan proteger la Iglesia a todo costo. Esto debe ser abordado con más eficacia. Permanecer en silencio y abandonar a las víctimas cuando más necesitan a su comunidad de fe es indefensible.

Yo sé que esta ola de escándalo masivo está lastimando a mucha gente. Les animo a ver esto como una señal de que Dios está purificando a la Iglesia. Haré todo lo que pueda para cooperar con este proceso de sanación y trabajar para restaurar la confianza. Les animo a continuar con sus buenas obras y no distraerse de las necesidades de los pobre, débiles y vulnerable en medio de nosotros. Debemos trabajar juntos, mientras nos ocupamos de las necesidades cotidianas de las personas a las que servimos.

Durante la primera semana de septiembre, la Diócesis de Fresno se someterá a nuestra auditoría anual del Ambiente Seguro (Safe Environment audit). Espero compartir los resultados con ustedes. Mientras tanto, le pido al clero, religiosos/as y líderes laicos en mi diócesis que sean sensibles con aquellos que están experimentando una crisis de fe como resultado de esta monumental traición a la confianza. Juntos podemos sanar e edificar una Iglesia que vive fielmente su llamado a ser discípulos de esperanza. ¡Que Dios los bendiga y les dé paz!