Un mensaje de Obispo Joseph V. Brennan “Obispo Joe”

February 26, 2020

Mis queridos míos,
La mayoría de nosotros, supongo, nos preguntamos qué rápido está pasando este año. Realmente parece que sólo fue ayer cuando celebramos el nacimiento del Señor. En la edición anterior de “Vida católica” (Catholic Life) recuerdo haber compartido con ustedes algunos de mis recuerdos navideños y aquellos con quienes vivo y trabajo saben que me gusta aferrarme a la temporada navideña. ¡Me gusta todo lo relacionado con esta temporada! Me gusta la música, la comida, las decoraciones. Espero ansioso a que esta temporada comience, y me entristece cuando termina. En pocas alabras, la Navidad es sólo una parte de la historia, es decir, es sólo el principio. En pocas palabras, la Navidad celebra el HECHO de que Él vino. La Pascua de Resurrección celebra PORQUÉ vino. Como dicen, Jesús es la razón de la temporada. Yo añadiría que la Pascua de Resurrección es la razón de todo.

Nuestros cuarenta días de Cuaresma es un tiempo esencial de oración y penitencia. Es ese momento en nuestra vida como individuos ante Dios y como comunidad de fe para examinar bien nuestras conciencias, para hacer literalmente un giro de 180 grados en nuestras vidas y no los giros de 360 grados que nos encuentran terminando donde empezamos. ¿No es ese el mensaje que cada uno de nosotros escuchamos cuando recibimos la señal de la cruz en nuestras frentes el Miércoles de Ceniza? Ciertamente lo es: “Apártate del pecado y sé fiel al Evangelio.” Con ese espíritu de arrepentimiento, muchos de nosotros nos confesaremos o ya lo hemos hecho, y los niños de todo el mundo harán su primera confesión mientras se preparan para la Primera Comunión. Recuerdo
de una primera confesión de hace algunos años; sucedió después de que un alumno de segundo grado terminó su primera confesión conmigo. Él regresó al confesionario para preguntarme si los alumnos del primer grado necesitaban confesarse. Basado en mi conocimiento de ‘teología’ le dije, “no, tienen que tener por lo menos 7 años como tú antes de poder confesarse.” Aparentemente muy decepcionado por mi respuesta, él me dijo, “es una lástima porque mi hermano pequeño realmente necesita confesarse.”

Hermanos y hermanas, todos necesitamos ir a confesarnos. Todos necesitamos cambiar nuestras vidas. Hemos pecado y hemos lastimado a la gente, tanto como individuos y como una Iglesia. Debemos pedir perdón siempre y hacer ese firme propósito de enmienda; es decir, hacer las cosas de manera diferente. Les ofrezco una sencilla oración para ayudarnos a hacer penitencia y a celebrar la fiesta de la Pascua de Resurrección:

Dios Todopoderoso y eterno, has dado a la raza humana a Jesucristo
nuestro Salvador como un modelo de humanidad. Él cumplió Tu voluntad
haciéndose hombre y dando Su vida en la cruz.
Ayúdanos a dar testimonio de ti siguiendo Su ejemplo de sufrimiento.
Haznos dignos de compartir Su Resurrección. Te lo pedimos por Nuestro
Señor Jesucristo, Tu Hijo. ¡AMÉN!

¡Tenga una temporada de Pascua simplemente alegre!

En Cristo,
Obispo Joe